Bruselas. Pasaba por aquí.

by Pequeno in Europa

Hola, bruji,

“Pasaba por aquí, pasaba por aquí, ningún teléfono cerca…” decía Luis Eduardo Aute en una de sus más célebres canciones y es casi la sensación que se tiene después de marchar de Bruselas. Y la verdad es que yo fui a propósito, esta en Brujas y me dije, vamos a conocer la capital de Bélgica, que si van allí tantos políticos por algo será, y, como decía mi padre, “de allí, donde haya muchos políticos, huye como del diablo”, y, bueno, es un poco exagerado… pero tampoco muy irreal.

Bruselas tiene sus encantos, aunque no abunden, y sí da para una visita de un par de días. No podemos hablar de ningún punto neurálgico porque, en líneas generales, la ciudad es muy tranquila, pero, aunque esté llena de turistas, el primer sitio para ver es la Grand Place. Es impresionante, una de las plazas más bonitas que he visto en mi vida y créeme que he visto muchas, y creo que verla ya es suficiente como para decir que “pasaba por aquí”. De la época de Carlos V, ése que era Carlos I en España, es de estilo flamenco, aunque allí digan que es de estilo español. Es muy recomendable quedarse un buen rato, si hay suerte de que no llueva o esté un día feo, algo harto improbable, en una de sus terrazas, consumiendo la bebida nacional belga: una rica cerveza. Alrededor de la Grand Place hay unas pocas calles tranquilas, también con sabor de historia, agradables para pasear o para pasar un rato en sus numerosos bares o restaurantes (caros),  y con parada obligatoria en dos puntos, por un lado en la estatua belga más conocida en todo el mundo: el Manneken Pis, que no deja de ser una estatua de un niño meón, lleva varios siglos meando (¿será un homenaje a la cerveza?), al que le ponen un disfraz cada día (no le veo la gracia), y que para chasco de casi todos, que esperamos una estatua de dimensiones considerables, no mide más de dos palmos. El otro punto imprescindible es la Galería Saint Hubert, calle cubierta con una bóveda de cristal que dicen que es la cale comercial cubierta más antigua del viejo continente.

De todos modos, lo más curioso de Bruselas está un pelín distante del centro, así que a pillar el metro hacia el barrio de Heisel, donde está el fatídico estadio donde la barbarie hizo teñir de luto al deporte y sonrojar a toda la sociedad europea, y allí evitando el estadio, veremos erigirse imponente el Atomium, estructura arquitectónica que representa a una molécula de cristal de hierro pero con su tamaño multiplicado unos cuantos miles de millones de veces. Impresiona más por fuera que por dentro, pues no hay más que salas de exposiciones, mucha escalera mecánica con mucha luz psicodélica y un mirador desde el que se puede ver toda la ciudad… no es mucha oferta teniendo en cuenta que la entrada cuesta un ojo de la cara y la cola suele ser larga. Al lado, si te apetece un paseo hortera-romántico, hay un parque temático, creo recordar que su nombre traducido era algo así como “Mini-Europa” donde se pueden ver replicas de los edificios más significativos de este continente a un tamaño no mayor que el de un adulto en los edificios con torres, como por ejemplo la catedral de Santiago de Compostela.

Nos quedaría por ver la parte de los edificios correspondientes a las instituciones europeas, pero… demasiado político, así que mejor es ir a tomar unas ricas cervezas locales, con un montón de variedades y degustar la comida nacional belga: las patatas fritas, dicen que las mejores del mundo, y sí son buenas, su proceso es freírlas, dejarlas reposar unos minutos y una segunda fritura rápida, y así les queda una costra crujiente, y los mejillones que, bueno, no están mal, pero nada que ver con los gallegos. Ya sé, ya sé… vas a preguntar por las coles… no las he visto por ningún lado.

Hecho todo esto, lo mejor es irse a otro sitio, igual que yo ahora me voy a hacer otros menesteres.

Barcelona. Cuerpo de mujer hecho ciudad.

by Pequeno in Europa, España

Hola, bruji,

hay una canción, preciosa por cierto, del malogrado Antonio Flores que en un momento dado dice algo así como “… el garabato de un niño es tu cuerpo de mujer, rectas curvas, curvas rectas imposibles de aprender…” y eso me recuerda a Barcelona, no podría concebir esas tremendas rectas que son las Ramblas, el Paseo de Gracia o la Diagonal o casi toda la ciudad, excepción hecha del Barrio Gótico, sin todas esas curvas imposibles que en su día delineó Antonio Gaudí. Es por eso que pasear por Barcelona es  quebrantar las ecuaciones del espacio y del tiempo y ver que la distancia más larga entre dos puntos es una recta, porque en cada recta es muy posible que haya muchas curvas que ver.

Y ése es el encanto erótico de esta ciudad hecha mujer, todas esas curvas, además llenas de color, que nos sorprenden y nos deleitan con su sinuosidad provocativa, aún mucho más de lo que puedan seducir los espectáculos de reputados (sin segundas intenciones el adjetivo) clubes como el Bagdad, una de las mejores, dicen, salas porno de Europa. Pero sigo pensando que son más atractivos los encantos de las rectas curvas y las curvas rectas de la Casa Milà o la Casa Batllò, la estructura casi imposible de la Sagrada Familia, que casi parece una mano de Dios erigiéndose sobre la tierra, o ese parque por el que los turistas angloparlantes más osados preguntarán, intentando traducir buenamente, por el “Parque Bien”, porque el Parque Güell, desde su sinuosa bancada, llena de curvas y exultante de color, nos ofrece la mejor vista de las largas rectas de las avenidas de una gran ciudad, rectas rodeadas de las sinuosas curvaturas de Montjüic y del Tibidabo, gran ciudad que vista desde un sitio así gana muchos puntos en el aspecto romántico.

Dos son los laberintos que hay en Barcelona, porque todo cuerpo de mujer tiene sus secretos en los que es fácil perderse, por un lado está el Barrio Gótico, coronado por la catedral, con sus micro-callejuelas, donde hay rinconcitos muy entrañables y cafeterías de lo más agradable donde disfrutar de un buen rato de asueto y por otro lado el Parque del Laberinto, en el barrio de Horta, que es un precioso jardín al más puro estilo del romanticismo del s. XIX, plagado de caminitos sinuosos en subida y bajada, rectas curvas, curvas rectas, con muchas fuentes en lugares umbrosos y escondidos, y en cuyo corazón hay un laberinto de los de verdad, un laberinto de esos de setos, al que podemos acceder cruzando la curvatura de alguno de sus arcos, para perdernos, quizás durante unos 20 minutos si tenemos prisa, si no, más, en una miríada de rectas que no llevarán a ninguna parte, aunque si la suerte nos acompaña, primero llegaremos al centro para disfrutar de su fuente redonda y unos banquitos de piedra en los que descansar, y luego tras deambular otro buen rato, podremos salir, aunque si no hubiera demasiada gente, y eso que la entrada está restringida a 750 visitas por día, sería un sitio ideal para no querer salir en mucho rato… ¿Sigues pensando que la línea más corta entro dos puntos es una recta?

Con lo grande que es, si eres capaz de desentrañar este galimatías matemático de las rectas curvas y las curvas rectas, podrás disfrutar de Barcelona muy lentamente en apenas un instante, porque ésa es la magia de un cuerpo de mujer, es la magia de Barcelona.

Praga. Rojo sobre fondo negro.

by Pequeno in Europa

Hola, bruji,

La ciudad vieja de Praga, la interesante, desde un punto alto, por ejemplo alguna de las torres que salpican la ciudad, es algo así como un mar de color rojo, por la vivacidad de sus tejados sobre un fondo negro, pues negras son las miles de callejuelas estrechas, y oscuras que lo conforman. Negro también es su caótico y laberíntico barrio judío (y negro me pone a mí que cobren entrada por entrar en su caótico antiguo cementerio) pero teñido de rojo por la mucha sangre vertida en la II Guerra Mundial. Negro el café que te ponen en las terrazas frente al famoso reloj astronómico al lado de la plaza de la ciudad vieja, y rojo de ira como te quedas cuando te cobran cerca de 10€ por él en un país con una renta per-cápita bastante baja. Además tanto el rojo como el negro en todos los casos cobran más intensidad por ese cielo casi eternamente lleno de nubarrones negros, lo que hay que reconocer que le da a la ciudad muchísimo más encanto.

Aunque no sea negra, en Praga tienes que disfruta de una buena cerveza, de hecho es la patria de las cervezas tipo pilsen,  eso sí, salte del centro más turístico y busca una tasca o un restaurante de los que hay cruzando cualquiera de los dieciocho puentes que nos llevan a la otra orilla de ese Moldava al que con tan buen gusto recreó musicalmente Bedrich Smetana (impresionante el “Puente de Carlos), allí no encontraremos mucha amabilidad (bueno, en ningún lugar de Praga), pero si cerveza y comida a precios razonables, más o menos como los de España, aunque, como norma general, la hostelería es cara y desplumar al turista es casi el deporte nacional. De todos modos para comer bien y barato, la comida nacional son los perritos calientes, sobre todo los de salchichas gigantes, y para degustarlos hay miles de puestos por la calle.

En ese mismo lado del río donde hay más bares, por cierto el barrio, que es un pequeño laberinto muy romántico de cuestas empinadas y estrechas, pero con rincones de muchísimo encanto, se llama Malá Strana,  y subiéndolo hasta lo alto, después de patear un buen rato, nos llevará al castillo, precioso. Vistos el castillo y tomadas las cervezas, ya no hay nada más que hacer aquí, así que volveremos a cruzar el río por puente de Carlos, que mediada la tarde, cuando empieza a oscurecer, es todo un mundo, con sus muchos puestos de artesanía y con una miríada de artistas callejeros, así que nos podremos quedar por allí un muy buen rato, aunque nos puedan asustar un poco sus estatuas y su torre negra.

De vuelta en la ciudad vieja, es imprescindible ir a una sesión del mundialmente famoso Teatro Negro. Da igual la obra, simplemente quedaremos extasiados con la magia que rebosa la representación, donde no hace falta ni una sola palabra para contar una historia, y donde el ingenio está al orden del día.

Finalmente, siguiendo en la ciudad vieja, te queda por buscar un buen plano (te los venden, además caros, sin preguntarte si lo quieres en los puestos de cambio de moneda) para hacer una selección de monumentos a visitar, que tendrá que ser muy precisa porque hay censados unos dos mil…  Y ¿la ciudad nueva? Pues como todas las ciudades nuevas, salvo algo de arquitectura contemporánea, nada que hacer.

Marrakech. 1000+1

by Pequeno in África

Hola, bruji,

Supongo que definir a Marrakech con el epíteto de 1000 más 1, cuanto menos te sorprenderá, pero es que recorrer los muchos rincones de esta ciudad es recorrer cada uno de los cuentos de las mil y una noches con toda su magia oriental, y esas noches no dejan de ser la sombra de esas mil y una palmeras que rodean esta ciudad con apariencia de un gran oasis.

El punto de partida y también centro neurálgico, aunque en Marrakech la palabra prisa no consta en ningún diccionario, es la mítica plaza de Djemmá el-Fná, y el primer contacto con ella podría ser uno de los restaurante-terraza que hay en ella, no son caros y esa vista desde arriba merece la pena,  sobre todo la marea de gentes y el espectáculo multicolor que va cambiando en cada momento del día. Si la queremos ver en sito, veremos que por la mañana está llena de mil y un puestos de comida y de ricos zumos de naranja que exprimen delante tuya, de encantadores de serpientes que te ofrecerán por muy pocos dirhams la foto de tu vida con una peligrosa cobra colgada de tu cuello (si te niegas es probable que alguno de ellos, los hay, como en todas partes, con honradez limitada, te la pongan igual y te extorsionen pidiéndote algo de dinero por quitártela), aguadores, que son más atractivo turístico que saciadores de sed, y mil y un entretenimientos más.  Según va pasando el día van desapareciendo los puestos de comida para dejar paso a músicos, saltimbanquis… que nos harán vivir un auténtico mercado medieval en pleno siglo XXI. Por la noche, vuelven a surgir los puestos de comidas con sus mil y un olores y ya desaparecerán las serpientes, en las horas de oscuridad muy peligrosas incluso para sus amos. Huelga decir que a las 5 de la tarde, sólo quedan turistas.

La plaza Djemmá el-Fná es prácticamente la puerta del zoco, mil y una callejuelas donde hay mil y una tiendas y donde nos perderemos mil y una veces si no vamos acompañados de alguien que nos guíe. Es un mundo aparte, calles muy estrechas, casi todas entoldadas para resistir el insoportable calor del día, y para poner farolas que iluminen la noche, es un mundo de mil y un colores, mil y un olores y mil y un sabores. Especias, madera tallada, alpaca o placa, ungüentos de belleza, alfombras, el inevitable cuero y todo ello artesano… como puedes ver, el zoco es algo así como un hipermercado medieval, pero nada impersonal como los hipermercados occidentales, es un mundo lleno de humanidad, donde la compra no es consumismo, es arte, y es inevitable el ejercicio del regateo, donde si lo haces bien, después de mil y una discusiones, es muy probable que te obsequien con un té moruno con todo su ritual, que consiste en tres vasos, porque el té verde con hierba buena marroquí se toma en vaso, el primero sin azúcar, amargo como la vida, el segundo dulce como el amor, y el tercero muy dulce como la muerte. Si con esta actividad aún no quedamos lo suficientemente relajados, siempre nos quedan los baños turcos, que hay varios por las cercanías.

Si te quieres ir por el ámbito cultural también tienes para dar y tomar, varios monumentos Patrimonio de la Humanidad y varios palacios y jardines de ensueño como los de las Mil y una noches, pero sin duda lo que más nos va a llamar la atención es la alargada sombra de los 70 metros del minarete de la mezquita de la Koutubia, hermano gemelo de la Giralda sevillana.

Lo dicho, si quieres dejar atrás las 1000 y 1 preocupaciones de la vida diaria, en esta bonita ciudad conseguirás sin prisa un rápido cambio de chip.

Cuenca. La dura levedad de la piedra.

by Pequeno in Europa, España

 Hola, bruji,

Pasear por Cuenca es pisar piedra, piedra a veces labrada, piedra a veces sin labrar, pero siempre piedra. Piedras que demuestran grandeza, piedras que un día la tuvieron, piedras que parecer levitar en el aire, pero siempre piedra. Y es que subir las duras cuestas que nos llevan a la plaza mayor, por no llegar aún más arriba, a las atalayas del barrio del castillo,  son duras, cierto que podremos reponernos en allí en las tascas con un buen vino manchego de esos que manchan el vaso y con un rico morteruelo, paté de carnes varias, o con zarajo, algo de comer muy típico de allí cuyos ingredientes, tripas de cordero, me crearían una piedra en el estómago, para luego bajar de nuevo las cuestas con cierto tino y no chocar rodando contra una pared de piedra.

La Cuenca vieja se levanta hacia las alturas entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, cuyas cuencas se deslizan plácidas entre zonas rocosas, de piedra…, pero que esconden bellos bosques, pequeñas playas y frente a la ciudad, en sus riveras opuestas, se levantan algunos edificios maravillosos a la altura de la ciudad vieja, sobre roquedos de piedra, como el convento de San Pablo, pero esos roquedos, si tienes ganas de caminar un rato y explorar te pueden llevar a un pub un pelín posmoderno que está dentro de una cueva, ¿te imaginas? Tomar una copa dentro de una piedra…

Caminar por la Cuenca vieja es sumergirse en la historia. Es casi psicodélico el momento en el que subimos, casi podemos decir que escalamos, por sus empinadas cuestas que, más que casas, tienen mosaicos de colores, colores pálidos, discretos, pero variados, son los colores con los que se cubren las piedras para hacernos más leve la subida. Pero el color cambia al llegar a la Plaza Mayor, presidida por los majestuosos arcos de la catedral, ya nos encontramos con el color de la piedra, aunque cuidado, que el color de la piedra también es arte, y desde ahí ya no nos separamos más de ella. Callejuelas, callejones, capillas, conventos, rincones… nos devuelven con la edad de sus piedras a otras épocas, apartándonos del bullicio del siglo XXI para sumergirnos en un remanso de paz , de tranquilidad, sólo alterado ocasionalmente por el lucerío y los baffles de alguna tienda de artículos turísticos. Si queremos relax total para nuestro cuerpo y nuestra mente o nuestra alma, sólo tenemos que ir a donde están las casas colgadas y ver las impresionantes vistas hacia la hoz del Huécar, y si queremos eso mismo, pero sin escuchar una babelia idiomática llena de interjecciones de asombro, preparémonos para escalar más callejuelas estrechas y empinadas hasta llegar al Castillo, barrio desde el que podremos ver lo mismo desde mayor altura y en soledad casi absoluta, sólo alterada por algún grito de niño jugando, pero es comprensible y deseable, esos niños serán la historia del mañana.

Al otro lado del Huécar también hay otra Cuenca, pero ésta más moderna, donde te puedes abastecer de cualquier cosa como en cualquier ciudad y donde la piedra es testimonial, es una Cuenca muy interesante para lo noche. Hay una calle cuyo nombre no recuerdo pero que todo el mundo conoce como “la calle”, no muy grande pero llena de locales donde tomar tranquilamente una copa e incluso, si las piernas aguantan a esas alturas, bailar.

Finalmente te diré, si alguna vez llegaras a tener el corazón de piedra, espero que no, que la piedra rompe la piedra, y para eso hay que ir a Cuenca, sobre todo en Semana Santa, donde el fervor religioso alcanza cotas que ablandan cualquier impureza del alma.

Coimbra. La melancolía de lo gris.

by Pequeno in Europa

Hola, bruji,

Decir que Coimbra es gris es, sin duda una exageración, incluso, si nos atenemos a las figuras literarias, es una hipérbole,  es decir: una exageración desmesurada. Y la verdad es que desmesurado no hay nada pues, a pesar de la proverbial exageración de nuestros vecinos portugueses, en la periferia de la ciudad podemos encontrar un parque temático llamado el “Portugal dos pequeninhos”, que es una colección de reproducciones de edificios importantes de todo Portugal pero de la altura de un niño. Bueno, en la antesala tenemos otro mini parque temático sobre Portugal y sus viajeros históricos y sus relaciones con las colonias (totalmente prescindible, ni te molestes en asomar la nariz).

Decía, y me interrumpí, que decir que Coimbra es gris es una exageración o hipérbole, porque a pesar de las lluvias, no es el color dominante, pero es que gris es esa ciudad que aún siendo en alguna ocasión la capital del país, no pierde nuca el aire provinciano; que aún teniendo la universidad más importante del país, casi la única hasta el siglo XIX, no pierde el aire provinciano. Y quizás, por eso el ser gris tiene su encanto porque pasear por las calles de la zona antigua tiene su encanto, ir sorteando un montón de callejuelas empinadas (una de ella se llama “Quebra Costas”, algo así como “rompe espaldas”) y con escaleras cada dos pasos para ir ascendiendo a la colina que corona la universidad (que digan después que el saber no cuesta). Cierto es que por el camino podremos hacer paradas en las decenas de iglesias o la catedral para poder reponernos un poco, aunque sea espiritualmente, o detenernos a contemplar las típicas fachadas portuguesas de azulejos para alegrarnos los ojos..

La llegada a la universidad es un viaje en el tiempo, no hasta esos albores del siglo XIII en que fue fundada, pero plantarnos en el Patio das Escolas (patio de las Escuelas), rodeados por los edificios que fueron definiendo la universidad a lo largo de la historia. Sobre esto es mejor hacer borrón y cuenta nueva en los que están antes de llegar a este patio, unas horrorosas moles construidas en los tiempos en los que la barbarie campaba a sus anchas, cuando Portugal padecía a un dictador llamado Salazar, quien para más escarnio, había sido catedrático en esa misma gloriosa institución. Aquí en la universidad, si somos capaces de sobrevivir a los turistas o, peor aún, a los tunos, podremos recorrer todos los edificios previo pago (¿quien dijo que el saber fuera barato?), de todos modos, yo me quedo con uno sólo: la impresionante biblioteca.

La vida universitaria marca mucho el ambiente de la ciudad y, aunque generalmente gris o aburrida, nos puede deparar alguna sorpresa. Recuerdo que una vez me metieron por una especie de garaje donde había gente jugando al futbito, y cruzado éste entramos en un portal gris y subimos hasta el segundo. En la puerta a la que llamaron mis acompañantes había un farolito (amarillo) y me empecé a poner nervioso, pero… ¿qué había dentro? Un pub muy tranquilo, lleno de estudiantes y gente joven con fados en directo, ese fado de Coimbra, que dicen que s más dulce y melancólico que el de Lisboa. Después me enteré que este tipo de lugares suelen ser clubes privados de estudiantes y que se conocen con el nombre de “repúblicas”.

Creo que la Coimbra comercial no te interesa demasiado, pero te diré que no es gran cosa, así que vista la universidad y ciudad vieja, lo mejor es hacer otra excursión en el tiempo e irnos, a tan sólo unos pocos kilómetros, al antiguo Imperio Romano… que gran ciudad debió de ser Conimbriga…

Estocolmo. Frío y placer.

by Malik in Europa

Hola, amigos.

Nunca olvidaré mis días en la maravillosa Estocolmo. Una ciudad muy amplia, con muchísimos lugares que no hay que dejar de visitar si tenéis la oportunidad de visitarla. Yo he tenido la suerte o dicha de haberla visitado en varias ocasiones y os voy a contar algunas de las cosas que más me han gustado y / o llamado la atención.

Si vais a Estocolmo, tienes que recordar que al encontrarse Suecia muy al norte en el globo terráqueo en comparación con el resto de los países, pues hay menos horas de luz, lo que significa que los días son realmente cortos, y las noches (o la oscuridad) muy pero que muy largos.  La primera vez que llegué a Estocolmo, un noviembre de hace unos años, creí que era el Apocalipsis o que estaba en otra dimensión porque salí de Amsterdam a eso de las doce del mediodía y a la una y media ya estaba en Suecia, pero “era de noche”!!!. Cuando vino mi amigo a recogerme, me explico que en invierno en Estocolmo, eso era  una cosa muy normal. Puede que sea la razón por la que es el país con más casos de suicidio del mundo…

Bueno, Estocolmo es un lugar maravilloso. Si vas en invierno, verás nieve como un loco, y en verano, hace sol, es más, hace bastante sol. De hecho, un día al año, en mitad de Agosto, la tierra gira sobre sí misma de una forma que siempre da la cara del sol directa a Suecia, y los países escandinavos, lo que produce que en el país sea de día las 24 horas. Una locura. Imaginaos a las 4 de la mañana con un “solano” típico de Melilla o del sur de España.

Yo siempre he comparado a Estocolmo con Nueva York, la mundialmente conocida “melting pot” (crisol de culturas). Aquí podréis encontrar todo tipo de razas conviviendo, aunque muchos dirían que en realidad coexisten…. Para gustos, colores.
Por supuesto, predomina en caucásico blanco y de ojos muy azules. Es por eso que los morenos, e incluso africanos, triunfan como la coca-cola con las chicas suecas….y viceversa. Lo digo por experiencia. Predominan mucho de los países latinoamericanos, los chilenos, colombianos, y como no, los argentinos. De Europa, hay muchos ex-yugoslavos. De África, hay de todos lados, en realidad, muchos cameruneses, senegaleses y etíopes…Y de Asia, pues los omnipresentes chinos, y muchos, muchos, iraníes. La mayoría de estos, descendientes de emigrantes, por razones de dictaduras y/o gobernantes majaras que mataban porque les llevaran la contraria (Perón, Idi Amín, (el que acaba de morir de Chile, ¿cómo se llama?)… etc.).

La comida típica de Suecia, son “meatballs” es decir, albóndigas, y la verdad es que las hacen ricas. Son buenos con las salsas y con el pollo. En navidad, ofrecen a los invitados, una taza de licor caliente (como el té), y les ponen unas pasas pequeñas dentro. Lo sé, una locura, pero es su tradición. Lo acompañan de galletas o pastas. He de decir que el centro de Estocolmo, no está nada iluminado en navidades, solo un par de luces y bombillas, nada que ver con España o USA.

La ropa no es muy cara, si sabes a donde vas. Yo compré mucha ropa a buen precio en hipermercados. El más grande de Europa se encuentra en las afueras de la ciudad. Solo tenéis que preguntar como llegar. No os arrepentiréis.

Hay restaurantes de todo tipo, sobre todo chinos, e indios. Españoles, es muy difícil encontrar. Pero puedes encontrar todo lo que usamos en nuestras cocinas en supermercados de barrio.

Los habitantes de Estocolmo, son por lo general gente abierta y muy educada, todo sea dicho. Hablan perfectamente el inglés, ya que les enseñan de muy pequeños a hablarlo en las escuelas, y en los cines, las películas se ven en versión original, subtitulada en sueco. Una idea genial. No como nosotros, prehistóricos españoles en ese sentido que estamos a la cola de Europa, junto con Italia, en conocimientos del inglés. Penoso, ¿verdad?

Y bueno, lo que seguro que esperáis, el tema de la fiesta, la marcha y la noche. Espero no decepcionaros. En Estocolmo, la gente joven, al igual que en Inglaterra, por el tema de que oscurece temprano y las restricciones horarias nocturnas, empiezan a ponerse las botas a las tres de la tarde, en pubs y bares. Hay otros que compran el licor en supermercados antes de las 8 de la tarde, que se prohíbe su venta (aunque si te lo montas bien, sacas un par de botellas, con propina para el dependiente, claro), y se van a casa a empinar el codo, hasta las 10 de la noche más o menos. A esa hora, algunos van a los pubs, otros a restaurantes, y otros a las discotecas a hacer cola. Porque esa es otra, hay unas colas kilométricas para entrar a los mejores sitios. Las bebidas son muy caras en comparación con España. Y una cosa muy peculiar es que todo el mundo paga con tarjeta de crédito en las discos, ya que es más cómodo. Y el proceso de cobrarte es mil veces más rápido que en España. Pim, pam, toma, adiós.  Una maravilla. Las discotecas cierran a las tres de la mañana por sistema. Y la peña se monta fiestas privadas en casas. Se lo montan de manera que cada semana van a la casa de un colega. Eso si, son muy fríos para temas de liarse todos a hacer orgías o juegos calientes, como se hace en España cuando se va todo el mundo a la casa de uno a ponerse las botas… ¿O me equivoco? Y para terminar deciros que las suecas son muy, muy difíciles de encandilar, son muy listas. Y no os equivoquéis con las suecas que conocéis en Mallorca, Ibiza o Málaga… Esas van a  emborracharse, a tomar el sol, y a joder con todos los que pillen. Una vez que están en su terreno, agüita… Los chicos son más salidos… Normal, son hombres.  Para terminar, os paso los nombres de algunos sitios que me llevaron y que están muy bien.

* Discoteca EAST. En central Stockholm. Es una especie de restaurante, con otra sala, a la que la gente pasa después de cenar, y tomar las copas y bailar. Tengo que deciros que es el lugar más pijo del país, donde van todas las celebridades suecas que ves por la tele. Pasan mucha música negra, y comercial. A mi me llevaron mis colegas un par de veces y el ambiente está muy bien.

* Discoteca Gotta Chalare. Central Stockholm. Un sitio muy grande. Colas que flipas. Con actuaciones dentro y mucha gente guapa. Pasan mucho hip hop, y R&B.

* Discoteca Windows. Lo mismo que las anteriores.

Luego hay lugares en Estocolmo, con sus propias discotecas que están bastante bien porque no ves tanto pijerío y es más simple, y las chicas igual de guapas, o más, porque no van de divas como en East. Los barrios que más me gustaron, fueron:  Tyreso (la zona de más pasta de a ciudad, donde viven los millonetis), Spanga (sitio residencial con gente más tranquila), Vallingby (un lugar antiguo, bonito y con lugares inolvidables, como la facultad de farmacia de la universidad, con el 86 % de alumnos femeninas. El paraíso, chicos. Hahahahaha,.

Espero que os haya gustado lo que he escrito y que os sirva de algo.
Un saludo y mucha suerte.

Chicago. La Nueva York del medio Oeste

by Alvaro in América

Hola Peque,

¿Sabías que puede existir humanidad rodeado de torres de 50 pisos? ¿Sabías que Picasso expone en la calle? Todo ocurre en la ciudad ventosa, en Chicago. Ventosa por las ráfagas de los mafiosos aunque cuando le da al viento por soplar no es moco de pavo. La brisa es agradable desde la noria del Navy Pier. Contemplamos el skyline de Chicago con la torre Sears al fondo. La más alta de EEUU. Y el Aon Center que es identica a la torre Picasso de Madrid solo que al estilo de Chicago: más grande. Tambien es interesante la torre John Hancock. Tanto la torre Hancock como la Sears tienen miradores en lo más alto de la torre.

La arquitectura manda en Chicago. A unas paradas del Loop por la linea roja o verde, un poco mas al sur de Chinatown, en un barrio no muy bueno (vamos que es muy malo) y cerca del estadio de los White Sox, se encuentra el IIT (Ilinois Institute of Technology) donde se pueden ver las obras que Mies Van der Rohe y sus discipulos construyeron para esta institución académica. Es visitable pero no es recomendable salir del campus y menos por la noche. El metro hasta el campus (estación 35-Bronzeville-IIT que tras la reciente reforma es una estación espectacular) y de vuelta. Un barrio (en realidad es un pueblo en si mismo) bastante más tranquilo es Oak Park en el que dejó su huella el otro gran arquitecto que actuó en Chicago: Frank Lloyd Wright. En Oak Park se puede ver algún otro de sus diseños de casas individuales (incluyendo la suya que está abierta a visitas) y el Unity Temple. Wright no solo diseñaba los edificios sino también una buena parte de los muebles que, de esa manera, se amoldan al edificio de una manera especial. Hasta Oak Park se puede llegar por las líneas verde y azul del metro.

Pero no todo es arquitectura en Chicago. 40 museos, maravillosos parques y una playa que da al lago Michigan donde en cuanto aparecen los rayos del sol la gente corre a ver si agarra un morenito interesante. Destaca el Art Institute y la escultura de Picasso en todo el centro del Loop, el centro financiero de la ciudad. Es fácil pasarse horas en sus parques (si no se va en invierno) y sus museos no se pueden ver en menos de tres días.

Es casi obligatorio, si se visita Chicago entre marzo y septiembre, acercarse a ver un partido de los Chicago Cubs en Wrigley Field. El histórico campo de los Cubs fue construido en 1914 y mantiene buena parte de su encanto.

A la hora de comer Chicago ofrece de todo. Pero ciertas cosas no se pueden dejar pasar. Cenar una noche en Pizzería Uno, el primer establecimiento de una cadena llamada Uno Chicago Grill, o en Pizzería Due, el segundo de la cadena. Ambos están localizados en el centro de Chicago (29 East Ohio y 619 North Wabash Avenue respectivamente). En estos centros lo suyo es pedir una pizza al estilo de Chicago, las Deep Dish Pizzas. Unas pizzas cuyo lateral sube como si se tratara de un plato y, así, le permite tener muchísimas más cantidades de relleno. A la hora de comer, que en EEUU es antes que en España, podemos acercarnos al piso 95 de la torre Hancock donde podemos encontrar un buffet por un precio aceptable ($28 mas bebidas, ha subido bastante, en 2004 eran $15) con unas vistas que vale cada euro que te gastas. Si pensamos que subir un piso mas arriba al observatorio cuesta $10,25 nos daremos cuenta que el precio del buffet es una ganga. Por último, y si estamos en Chicago a finales de Junio/principios de Julio, deberíamos visitar el festival Taste of Chicago. Un festival gastronómico absolutamente imprescindible. A este festival acuden más de 60 restaurantes de la ciudad para ofrecer sus platos en el maravilloso Grant Park.

Chicago es una ciudad con alma de megapolis y de pueblo del mediano oeste americano. El dinamismo de Nueva York con el encanto de un pequeño pueblo de Wisconsin. Y el frío de este último en Invierno así que mejor si puedes visitarla en primavera o principio del Otoño. Incluso verano pero en Invierno tendrás días en los que te quedes en el hotel. Y será una pena.

Cluj-Napoca. Historia de dos ciudades.

by Pequeno in Europa

Hola, bruji, 

Aunque Cluj-Napoca es una única ciudad, bien podría ser dos. Se hablaba del muro de Berlín como “el muro de la vergüenza” porque estaba a la vista de todos pero, claro, ojos que no ven, corazón que no siente, y en Cluj hay otro muro, y no me refiero a los restos de sus recias murallas medievales, es un muro que no se ve y que sólo es capaz de construir la ilimitada estupidez humana, y es el muro que hace que dos pueblos se odien.

Cluj, lo de Napoca es recuerdo histórico de cuando Rumania (sin tilde) era aún la Dacia romana (el Dacia sigue siendo el vehículo nacional), bien podría ser un paradigma de la multiculturalidad. Allí viven, que no conviven, gitanos, sajones, húngaros y rumanos. Los gitanos, como en casi todas partes, están tristemente discriminados, aunque no hay fiesta popular si no hay gitanos. Los sajones, luteranos, se discriminan ellos solos, tienen un poder adquisitivo muy alto y viven en comunidades muy cerradas y con costumbres casi medievales; para ellos Cluj se llama Klausenburg. Y quedan húngaros y rumanos, comunidades mayoritarias en toda Transilvania, de la que Cluj es capital, y juro que están allí, pero los unos a los otros no se ven… no existen excepto para lo malo…. Hay dos centros de culto principales: la catedral ortodoxa para los rumanos, la iglesia católica de Sfântul Mihail (San Miguel), una joya gótica del siglo XIV para los húngaros. Hay dos óperas, una de estilo neoclásico del XIX para los rumanos, justo frente a su catedral, hay una húngara en un edificio bastante feo  al lado de la entrada principal del Parcul Central, el pulmón verde de la ciudad.  Tienen sus barrios y sus tiendas… y, aunque suene a chiste, muchos húngaros si les hablas en rumano, no te contestan,  aunque todos lo hablan porque es obligatorio en la escuela, pero si les hablas inglés, a los que saben, son todo amabilidad….

Uno de los pocos puntos de cordura con respecto a esto lo intenta poner la universidad, la única universidad, que se llama Babeş-Bolyai, con nombres de dos reputados científicos transilvanos, el primero rumano y el segundo húngaro, aunque después tenga distintos programas de estudio en rumano y húngaro para sus alumnos (también alguno alemán).

Una vez que conseguimos olvidar por un momento las miserias humanas, vemos que Cluj es una ciudad atractiva, es una Viena en pequeño con su trazado con  del siglo XIX, quizás la época en la que tuvo su mayor esplendor, pero con muchos detalles de la “multiculturalidad” que habita en ella y con muchas muestras de la arquitectura transilvana. Tiene mucho que ver porque la historia dejó en ella muy buenos momentos, pero a veces dejó caer la zarpa de una forma miserable, pero todo eso se puede ver en cualquier guía de viajes o navegando por mil páginas de la red. Pero sí hay un lugar digno de visitar: el cementerio. Además de ser otro de los pulmones verdes de la ciudad y de tener todos los encantos en tanto selváticos de la mayoría de cementerios rumanos (es muy interesante también el de Sighişoara) que lo hacen ideal para pasear, tiene una “sección” dedicada a la Segunda Guerra Mundial  donde tienes que agarrar al alma para que no se te escape ante la terrible visión de miles de cruces blancas con al leyenda “necunoscut”, que no es difícil adivinar que significa desconocido, y supongo, que no entiendo su lengua, que la misma leyenda se ve en la parte húngara, en la parte judía y en la parte rusa (hasta en los muertos hay disgregación…)

Cluj es una ciudad que enamora, ojalá sus gentes también enamoren algún día al prójimo.

Amsterdam. ¿Naranja o rojo o multicolor?

by Pequeno in Europa

Hola, bruji,

Holanda dicen que es el país naranja, quizás por sus tulipanes o quizás por su selección de fútbol que en los tiempos del tándem Cruyff – Neeskens encandiló a Europa y al mundo, sin embargo en Ámsterdam no destaca el naranja, a pesar de sus muchos mercados de flores o de la publicidad de algún banco, en Ámsterdam destaca el rojo porque, por ejemplo, rojas son las mejillas de holandeses y holandesas que pasean en esos miles de bicicletas que circulan por la ciudad, rojo es el ambiente de los museos del sexo y sex-shops que abundan por el centro, pero más rojo es el conocidísimo Distrito Rojo, donde las prostitutas (oficio completamente legalizado en Holanda) se exhiben en escaparates a la luz de los clásicos faroles rojos para captar a sus posibles clientes. Además, aunque, la fama se la lleve el barrio rojo, hay otras dos zonas de características muy similares: Korte Korsjespoortsteeeg, muy cercano a la Centraal Station y Museumplein, cercano al Rijkmuseum.

También en Ámsterdam destaca el marrón, pues marrón, brown, es el techo de los Coffeeshops, que distan de ser mucho una tienda de café o cafetería convencional, son lugares de ambiente muy variado, desde rastas hasta new age, donde no se vende alcohol, pero se venden de forma completamente legal hasta 5 grs. de estupefacientes de los considerados blandos, puesto que esa es la cantidad máxima que puede portar legalmente un adulto en Holanda. Mucho ojo con esto al salir del país, porque fuera de Holanda eso no es legal, y, por ejemplo, bastantes policías belgas andan cual aves carroñeras por las cercanías de la frontera a la caza del turista incauto. Son similares los Smartshops, aunque ya no entren dentro de la gama de hostelería, aunque también venden productos fumables, setas alucinógenas, semillas, etc. etc.

Ámsterdam también es verde, y no estoy pensando en la más conocida mundialmente de sus cervezas, si no los muchos parques que rodean la ciudad antigua. Como Erasmuspark, Ooesterpark, Rembrandtpark y sobre el impresionante Vondelpark, un parque con cerca de 45 hectáreas!!!, lleno de lagos, que tiene vida propia. Siempre lleno de gente paseando, niños jugando, músicos y otras expresiones de artistas callejeros, conciertos de un cierto nivel gratuitos en verano y mucha, mucha gente tostándose al sol… Los lagos de los parques y los muchos canales que surcan la ciudad, también la hacen azul.

Ámsterdam es multicolor, su ambiente lo hace así. Las calles del centro son un hervidero de gente y color: los mercados de flores, los mercados de bicicletas (medio de transporte muy útil en esta ciudad que además podemos comprar de quinta mano y venderla fácilmente, si la cuidamos, como de cuarta…),a la mucha gente de todas las tribus urbanas que pulula por las calles, por ejemplo recuerdo a un tío con mono azul de trabajo que llevaba aperos de fontanero y con el pelo discretamente teñido de verde y el bigote de naranja, o a una tía en lencería negra fina de hace unos décadas y con un paraguas estilo rococó… Todo esto salpicado de músicos callejeros (les compre un disco a un grupo que tocaba en la plaza Dam, Northern Lights, que no mucho después empezaron a recorrer circuitos más importantes dentro de las nuevas músicas), de puestos de arenques y patatas fritas (casi los platos nacionales), muchos ociosos sentados en la plaza Dam o en la Estación Central… Muchos museos con sus extensas pinacotecas… La verdad es que no ha lugar a aburrirse…

Finalmente, Ámsterdam también es negro… Nunca en ningún lado he visto tan de cerca como aquí los ojos del racismo, especialmente con los europeos latinos, pero de esto casi mejor no hablar…